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LA PRISA Correr, correr, apresurarse, preocuparse, trabajar mucho, hacer más, hay que tener más porque teniendo más se gana más. Es el desboque de la pareja matrimonial en el mundo desbocado de hoy. El mundo es una pelota de futbol que rueda pendiente abajo, desciende con velocidad de vértigo dando tumbos en busca de progreso, de confort, de mejorar los artefactos que ya existen, de hacerlos más pequeños. En ese contexto la pareja matrimonial juega parejas descendiendo también. Por eso los dos trabajan. Los dos salen temprano y dejan a los hijos en la guardería. Y trabajan y trabajan, y por la noche hacen planes, suman el dinero de ambos, el que ya ganaron y el que van a ganar, y proyectan sus próximas adquisiciones. Si no han entrado "en la onda" de los dos trabajando, de todas maneras los dos trabajan. Él ha de darse más a su trabajo, sólo él es fuente de ingresos, hay que ganar un poquito más, por eso el trabajo extraordinario, los negocios adicionales, "las liebritas". Así gana un poco más, llega a casa noche cuando ya los hijos están dormidos, y la esposa ha caído rendida. Porque ella en casa se afana, mucho. Se levanta primero, antes que el esposo, para prepararle alimentos, ha de levantarlo, y por disposición de él prácticamente arrojarlo de la casa para que se vaya al trabajo. Luego del desayuno, el lavado de la loza, el aseo de la casa, el salir de compras, el asear de nuevo; que la plancha, que la lavada de ropa, que resanar aquélla pared, que pintar ese rincón, que las plantas, que la comida, que el teléfono, que la cena... y al final del día dejarle algo al marido para que cuando venga cene, porque ella "ya no puede más". Así un día y así otro día, y un mes y otro mes, y un año y otro año… pero ¿por qué? Trabajar no es malo, pero la vida no es sólo trabajo. ¿Qué les está pasando? Deténganse, mediten. La meditación y la contemplación no generaran riquezas, ni bienes materiales; dan serenidad, alimentan el amor, refuerzan la individualidad, valoran. Vale la pena que ahora que empiezan, ahora que están jóvenes, se den el uno al otro. Esa es la razón del matrimonio. Que el trabajo y la prisa no sean motivo de separación. Lo más importante que les ha pasado es haberse casado, ser uno del otro; lo demás es secundario. Deténgase. No hay recetas. Ustedes han de trazar su propio camino. ¿De qué les sirve tener, tener mucho, si no se tienen el uno al otro? ¿Si son dueños de todo menos de ustedes mismos? Sé dueño de tu cónyuge, deja que tu cónyuge se adueñe de ti. Tu cónyuge es tu riqueza. Volver a artículos interesantes...
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