EL INTERÉS

Son dos los elementos de la comunicación conyugal: hablar y escuchar. Se requiere la expresión y la atención al otro. Estos dos elementos son los que constituyen el diálogo. No hay diálogo cuando uno solo de los dos habla, o cuando uno solo de los dos no escucha. Dice un adagio "Hablando se entiende la gente". Si las parejas hablaran... pero hay tantos silencios, silencios que son sinónimos de temor, de coraje, de impotencia, de desprecio. Cuando el silencio es el callar para escuchar al cónyuge, entonces es un silencio productivo, comunicador, base de felicidad.

Hablar sí, ¿pero de qué? Al paso de los años la pareja se ha contado todo, se han pasado la vida juntos, no hay sorpresas que contarse. Cuando están solos viven una mudez pesada, ofensiva, dañina. Tan pronto como hay otra persona con los dos, a esa persona le cuentan todo. La pareja se' esmera en expresarse, a veces ella y él se atropellan, tienen tanto que contar. Pero cuando la visita se les sale de su órbita, vuelven a ser los dos desconocidos que viven uno junto al otro, como dos riscos de una misma montaña. No se hablan. Las causas de la nula expresividad verbal, pronto tendrán otros efectos, no habrá expresividad efectiva, se acabarán las más elementales demostraciones de urbanidad, de cortesía. La cerrazón irá siendo cada vez más hermética.

Como el silencio va siendo constante, ya no ha habido la práctica de la receptividad, no ha habido que escuchar, no ha habido alguna demostración a la cual corresponder: se ha ido perdiendo el sentido de receptividad. Uno no escucha porque el otro no habla; uno no habla porque el otro no escucha. Y así seguirá el círculo viciado, tomando consistencia, tornándose irrompible.

Es tan sencillo romper el sofisma (=argumento falso), es tan sencillo acabar con la falacia. Basta con hablar. ¿Hablar de qué? De cualquier cosa, como en el noviazgo, donde la menor tontera era motivo de plática. ¡Ah!, pero para reiniciar este hablar, el otro tiene que tornarse escuchador, como en el noviazgo. Ha de prestar atención, interesarse, sentirse afectado por lo que le dicen; hacer muecas de significación de que ha sido copado. Todo se dice con dos palabras: atención e interés. Háganse el propósito de no meter entre ustedes el silencio. Díganse, propónganselo: Cuando estemos solos no vamos a estar callados. Porque hay cualidades personales que se pueden cultivar por una decisión personal, pero para la comunicación se necesitan dos, uno que hable y otro que escuche, en un primer momento; luego habrá que cambiar los papeles.

La práctica del hablar y del escuchar, pronto restablecerá la armonía y la armonía te hará valorar la importancia extraordinaria de tu cónyuge.


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